domingo, 17 de febrero de 2013

Capítulo 7.

NARRA ED:

Menos mal que convencí a Sarah para que dejara a Cloe quedarse en casa, bueno convencer no, más bien solo tuve que preguntarle, es que esa chica era un cielo, por eso la admiradaba tanto, pero sólo era eso admiración, y amistad, no amor, y no sé porqué la besé, ¿me estaría empezando a gustar? 

-Te vienes a 'mi casa', ¿Vale? -Dije yo.
-¿Por qué pones comillas con los dedos? 
-Porque en realidad no es mi casa, es la casa de una amiga de mis padres, y de su hija que para mi es como una hermana pequeña.
-No sé, no quiero molestar.
-No molestarás de verdad, además, ¿qué piensas hacer si no? ¿quedarte por las caller tirada? o peor aún ¿irte con el imbécil? ni loco dejaría que te quedaras en la calle, y mucho menos con ese imbécil.
-Eres genial Ed, no te debo una si no miles, porque este favor para mi es lo más grande que han hecho por mi nunca, y de verdad te lo digo, pero nada de lo que haga por ti, será suficiente para recompensarte esto.
-Anda boba, calla eh. -Reí.
-Gracias por cambiarme la vida. 
-¿Cambiarte la vida?
-Sí Ed, sí, si no fuera por ti el idiota de Gabe seguiría siendo así de imbécil conmigo y destruyéndome la vida, nunca tendría el valor de decírselo, porque de algun modo, le quise, le quise mucho.
-No te preocupes, todo ya pasó. -Dije abrazándole.
-Ojalá todos los tíos fueran como tú.
-Venga ya, has de reconocer que sería aburrido, no sé todos iguales.
Ella rió, por fin lo hizo. -Pero no habría ni la mitad de sufrimiento como lo hay ahora.
-En eso puede que tengas razón, en ese caso a mi me gustaria que todas las tías fueran como tú.
 -¿Cómo yo? ¿Unas cobardes?
-No, unas personas llenas de amor y de dulzura.
-¿Por qué piensas que soy así?
-Porque al igual que a mi, a ti también te delata la mirada.
Ella rió. -Lo ves Ed, eres genial. -Dijo abrazándome.  

Ella no podía decir que yo era genial, porque aquí la única persona que era genial era ella, había conseguido que me olvidara un poco del mundo, eso si que se lo debo. 

Fuimos a casa, bueno a casa de Sarah, aunque yo había acostumbrado a llamarle casa, porue era como si al menos fuese mi segunda casa, ella caminaba nerviosa  y preocupada, tenía miedo molestar, supongo, entramos en casa y miré que no hubiese nadie despierto para que no la vieran entrar conmigo en vez de con Sarah, y no, no había nadie, esperamos en 'mi habitación' hasta que Sarah llegase, tampoco era plan de entrar en su habitación sin que ella estuviera, ella estaba realmente cansada, estuvimos hablando ya que ella quería mantenerse despierta aunque yo le había dicho que no pasaba nada que si se dormía yo la llevaría, pero ser cabezota era otra de sus virtudes, lo sé cualquiera diría que eso es un defecto más, pero en cambio para mi eso es una virtud más, de entre tantas.

  NARRA SARAH:

-Bueno chicos, me tengo que ir. -Dije y seguidamente le di un beso en la mejilla a cada uno.
-Espera que te acompaño. -Dijo Harry.
-No hace falta Harry, mi casa está aquí al lado.
-Cuando Ed se fue prometí llevarte a casa, y ¿Sabes? me gusta cumplir las promesas.
-Bueno vale.
-Venga sube al coche.
-Voy, voy, no me metas prisa. -Sonreí.
-Es que caracol tardaría menos que tú.
-Ah bueno depende de que caracol.
-Que tonta eres.
-Oh, gracias. -Dije poniendo cara de pena.
-Ais pero una tonta muy bonita. -Dijo él.
-Sí, sí, ahora intenta arreglarlo.
-Qué si boba.
-Anda tira eh que a este paso no llegamos nunca.
-Es que me distraes.
-Vaya, ahora será culpa mía.
-Todo es culpa tuya bonita. -Rió fuertemente.
-Anda tira eh tira. -Dije intentando no reir y parecer seria.
-Vale, vale, pero no me peges por favor.

Tardamos como 30 minutos de llegar, y por fin, madre mía, eso era demasiado incómodo Harry y yo no habíamos vuelto a intercambiar palabra, recuerdo el casi beso con Harry, por una parte me arrepiento de no haberle besado, no me preguntéis porqué porque ni yo lo sé, pero por otra hice bien, a Harry a penas le acababa de conocer y no sé, no sería muy adecuado, además, yo no soy así, creo mucho en el amor, cualquiera lo diriía eh, y la verdad es que no me guste mucho la idea de hoy con uno y mañana con otro, pues no joder.

Entré en casa y me dirigí a la habitación de Ed intentando hacer el menos ruido posible.

-¿Se puede? -Susurré sin abrir la puerta.
-Sí, pasa. -Oí decir a Ed al otro lado de la habitación.
-¿A si que tu eres mi nueva compañera de habitación? -Dije amablemente mirando a aquella chica pelirroja.
-Sí. -Sonrió timidamente. -Siento mucho las molestias.
-No es molestia, supongo que estás pasando por un mal momento, y que sepas que puedes quedarte el tiempo que quieras.
-Gracias. -Sonrió.
-No tienes porque darlas.- Sonrei y luego dirigí mi mirada a Ed. -Bueno Ed, te dejamos dormir que estás muy cansado.
-Adiós bonitas. -Dijo Ed sonriendo.
-Adiós Ed, y gracias. -Sonrió sinceramente aquella chica.
-Adiós idiota - reí yo.

Cogí de la mano a aquella chica, que por cierto, no tengo ni idea de como se llama y la llevé a mi habitación.
-Bueno, hoy dormirás aquí. -Sonreí. -Tendré que sacar el colchón de abajo.
-No quiero ser molestia. -Dijo ella con la mirada perdida.
-No lo eres ya te lo dije. -Dije yo sacando el colchón.
-Por cierto, soy Cloe.
-Yo soy Sarah, encantada.

Ella sonrió y se metió en la cama que le había dado.

-¿No pensarás dormir con esa ropa? -Dije yo.
-No tengo otra cosa.
-Espera, que te dejo un pijama.

Rebusqué en mi armario y saqué un pijama de ositos.

-Bonito pijama. -Rió.
-¿Mola eh? -Reí yo también.
 -Mucho.
-Voy al baño a cambiarme, tú cambiate aquí si quieres.
-Vale. -Sonrió.

NARRA ED:

¡MIERDA! Ayer se me olvidó bajar las persianas y la luz del sol me ha despertado.
Solté un gruñido y miré la hora. -Ah, pues no es tan temprano. -Murmuré.

Me vestí ya que no era plan de que Sara y Cloe me vieran en boxers, y seguidamente fui a la cocina en busca de algo que desayunar.

-Hola cielo. -Sonrió mi madre.
-Hola. -Sonreí y le di un beso en la frente.
-¿Te vienes a dar una vuelta conmigo, tu padre  y la madre de Sarah?
 -Ahora mismo no me apetece, estoy algo cansado.
-Vale cielo, pues yo ya me voy, cuida de Sarah.
-Lo haré. -Y sonreí.

Mi madre salió de la cocina y poco después entraron Sarah y Cleo, con el pelo todo alborotado y con unos pijamas muy graciosos.

-¡Qué dolor de cabeza! -Dijo Cleo al entrar en la cocina.
-¿Estas mejor? -Pregunté.
-Sí, gracias Ed.
-Cleo me ha estado contando todo lo que ha pasado, en serio Ed, eres genial. -Sonrió Sarah.

Ese comentario por parte de Sarah me hizo sentir muy bien a decir verdad, pero debía de evitar ese tipo de sentimientos hacia ella.

NARRA SARAH:

No sé como puede haber ese tipo de gente, lo que me había contado Cloe era increíble,  preparé el desayuno para Cleo y para mi ya que Ed ya se había preparado el suyo, oí un móvil sonar, pero no era el mío, Ed metió su mano en el bolsillo y contestó.

-¿Sí?
-....
-Ah hola preciosa. -Dijo saliendo de la cocina.

Si mi intuición no falla creo que es su novia. Vi como Cloe me miraba en forma de interrogación.

-Creo que es su novia.
-Oh, no me había dicho que tiene novia.
-Ed es mucho Ed. -Reí.
-Oye, luego Ed y yo vamos a ir a casa de Gabe a por mis cosas, ¿te gustaría venir?
-Claro, iré con vosotros.

Fuimos a mi habitación a vestirme.

-Vaya como tengo la ropa, huele a alcohol y está toda mojada, puaj. -Dijo Cloe haciendo una mueca extraña.
-Sí, la verdad es que el olor a alcohol se nota a kilómetros. -Reí yo. -Trae anda que te dejo algo mío.
-No hace falta.
-Venga ya, no pensarás salir asi.
-No pasa nada.
-Sí, si pasa, ven, escoge lo que más te guste. -Dije llevándola hacia el armario.

Abrí el armario y Cloe se puso a buscar en el armario pero con cuidado de no desordenar nada, parecía una chica ordenada, limpia y muy perfecionista.
-Esto mismo. -Dijo sacando una camiseta azul.
-Buena elección. -Reí. -¿Y qué pantalones quieres?
-Me da igual.
Saqué unos shorts vaqueros y se los dí, ella sonrió.
-Gracias, voy a darme una ducha y a vestirme si no te importa. -Sonrió ella.
-Sí, claro, vete. -Sonreí yo.

Cloe salió de la habitación y yo me puse a rebuscar algo que ponerme, saqué una camiseta de manga corta y unos shorts blancos, hacía mucho calor y con el pelo suelto me agobiaba a si que me hice un moño alto.

-¿Se puede? -Oí una voz como rota detrás de la puerta.
-Sí, pasa.

Vi a Ed con los ojos rojos y super pálido.

-Ey Ed, ¿qué te pasa?

El ni siquiera pudo hablar simplemente me abrazó.

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